(Me perdí)

La pérdida de mí misma en una libertad tan grande que casi no parecía perdida. Desconocía el camino, nadie lo conocía tampoco. Solo iba acompañada de una palabra de rescate, de una mano que me tomaba al caminar, imaginaria porque nadie iba conmigo. Y una respiración, eso sí, mi respiración y una aproximación que aún no puedo precisar, de una presencia muy cercana. Ese era mi consuelo, no me sentía sola. Ir por el camino, seguir un camino desconocido, ahí también estaba el aroma de la libertad. Sola y acompañada. Espero estar plenamente abandonada, perdida de fantasmas, de presencias irreales, de memoria, de pensamientos y otra vez los fantasmas. A esos fantasmas, adiós.

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