“Componer belleza entre las moscas”

Juan García Gayo

 

Antes del sol de medianoche, mis ojos alertas están desconcertados. No entienden el motivo de ese despertar, se enojan, se pelean con la cama con mi cuerpo con el animal que soy y que no quiere dormir. Es como un estar sola con toda la infinitud que hay en mí y en el mundo, no puedo acercarme a ese sentir tan llena en la noche tan oscura. Cuando me rindo a la incomprensión del mar,  tan sólo me entrego –sin saber qué estoy haciendo- el sueño me arropa en su palidez.

 

Un sueño aparece, antes o después del mar, no lo sé. Un sueño en el que pido ayuda al pasado. No lo siento, no lo veo, sólo lo percibo. Percibo al pasado como el abandono en mis miedos más primarios, como el morir pisada por una bicicleta en la soledad más vasta. Pero creo en lo imposible. Creo en el amor que aún no palpo pero que ya bebo su sabor a completitud. Como una gota que cae por mis labios, la caída en otra boca será su destino. En la boca, en las palabras no pronunciadas del ser amado.

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